Michio
Kaku recibe a ABC en su despacho dentro del departamento de Física de
la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), donde imparte clases
de
Física Teórica. La pasión de Kaku por la ciencia nació de la
rocambolesca combinación de influencias entre
Flash Gordon y la muerte de
Einstein. A pesar de haber dedicado su vida a la física y el estudio de
la
teoría de Cuerdas,Kaku ha encontrado la fama como
divulgador científico. En esta ocasión presenta su libro «La física del
futuro», un viaje en forma de predicciones sobre el futuro de la
tecnología y la ciencia hasta el amanecer del siglo XXII.
- Su libro es una predicción de cómo será el mundo en el
siglo próximo. ¿No es un poco pronto para una predicción así?
- No. La gente que está inventando la tecnología que veremos
en el futuro ya tienen prototipos. Para escribir este libro mi labor ha
consistido en pedirle a esos mismos científicos que se imaginen el futuro y que
me cuenten cuándo creen que estas tecnologías empezarán a aparecer en el
mercado. Ellos ya tienen la tecnología y lo que hacen es proyectarla hacia el
futuro. Por eso todas las predicciones que hice en «Visiones», el libro que
publiqué en 1996, se cumplieron.
- Una de las predicciones de las que habla es que
conseguiremos reproducir artificialmente casi todos los órganos del cuerpo
humano. ¿Qué pasará con el cerebro?
- El cerebro es muy complicado. A corto plazo lo que haremos
para rejuvenecerlo será inyectarle células madre que se le adherirán aleatoriamente.
Tendremos que reaprender ciertas cosas como montar en bicicleta, pero la
ventaja es que expandirá nuestra memoria.
- Si todos los órganos pudiesen ser artificiales, ajenos al
malfuncionamiento o a enfermedades como el cáncer, ¿seremos inmortales?
- Creo que nuestros nietos tendrán la opción de llegar a los
30 y parar el envejecimiento de sus cuerpos. Actualmente la investigación sobre
el envejecimiento está dando buenos resultados. Poco a poco vamos descubriendo
los genes responsables del envejecimiento. Cuando eso ocurra podremos arreglar
esos genes. No voy a afirmar que tenemos la fuente de la juventud, pero ya hay
muchas vías con las que conseguiremos expandir la esperanza de vida.
- ¿Pero podremos evitar morir?
- Sí. Hay animales que no mueren de viejos, como algunos
lagartos o tortugas marinas. Puede que acaben muriendo, pero no es por su edad.
En zoológicos y otros entornos ideales no perecen. En su entorno natural
fallecen por causas como accidentes, enfermedades o de inanición.
- ¿Hay alguna tecnología que según sus predicciones ya
debería estar extendida, pero que aún no esté del todo desarrollada?
- Para mí una decepción ha sido la inteligencia artificial.
Hay aspectos en los que hemos avanzado mucho, como en el desarrollo de máquinas
con las que podemos comunicarnos; pero está siendo mucho más lento de lo que
esperaba. Nuestros robots siguen sin tener conciencia ni poder pensar de manera
independiente.
- Durante siglos el hombre ha buscado la forma de hacer
posible la telequinesia y el teletransporte. En su libro menciona que la
telequinesia será un hecho pronto. ¿Qué pasa con el teletransporte?
- Ya podemos teletransportar átomos y fotones, pero eso no
son personas. Quizá dentro de una década consigamos teletransportar la primera
molécula, como H2O o alguna similar. Pero el teletransporte real de un humano
nos llevará siglos. Va a ser realmente difícil, probablemente porque somos muy
grandes.
- En su libro menciona que con el tiempo alcanzaremos una
«civilización planetaria» capaz de aprovechar todos los recursos del planeta.
¿Es este modelo de civilización compatible con el sistema actual de países,
fronteras y aduanas?
- Mientras que tengamos que pagar impuestos para mantener el
alcantarillado, el ejército, la Policía o cualquier otro servicio público
seguirá habiendo naciones y fronteras, pero el poder de estas naciones habrá
disminuido enormemente. Veremos como las naciones se van quedando cada vez más
obsoletas. El dinero viajará sin límites de fronteras y la política seguirá el
camino del dinero formando bloques comerciales como NAFTA o la Unión Europea.
- ¿Cuál es el factor más decisivo a la hora de determinar el
éxito o fracaso de una tecnología?
- El factor esencial es el que he denominado «el principio
del cavernícola». A grandes rasgos quiere decir que cualquier tecnología tendrá
buena acogida si hay un paralelismo con cómo era la vida de los humanos en las
cavernas. En las fogatas era donde una persona se informaba y hoy eso es
Facebook y las redes sociales, pero multiplicado por un millón. Siempre
confiaremos más la información que nazca de la interacción humana. La
explicación es que nuestra personalidad no ha cambiado desde hace más de
100.000 años.
- En el año 2100 nuestros cinco sentidos estarán potenciados
a través de la tecnología. ¿Si un ciudadano del siglo pasado nos viese,
pensaría que somos personas o algún tipo de criatura fantástica?
- Seremos como dioses. Una persona de 1900 nos vería como a
un mago o a un brujo con nuestros cohetes e internet. Pero cuando nosotros miremos
a nuestros nietos a finales de siglo ellos serán como dioses griegos. Zeus
podía mover objetos con su mente y nosotros también podremos. Venus tenía una
salud y un cuerpo perfectos y gracias a la terapia génica y al uso de recursos
como las células madre nosotros también alcanzaremos ese nivel. Apolo podía
viajar montado en carros volantes y nosotros conduciremos coches que vuelan.
Pegaso era un animal que se podía crear a placer y nosotros crearemos nuevas
especies y recuperaremos especies que creíamos extintas. El poder de la mente,
el poder de crear vida, la longevidad… Tendremos todos los poderes propios de
los dioses.
- Usted ha afirmado que siente una especie de asombro
infantil cada vez que reflexiona sobre el futuro. ¿Qué hay que hacer para que los
niños se interesen por la ciencia y conseguir que alguien recoja el testigo?
- Todos nacemos científicos, preguntándonos por el universo,
siendo curiosos. Cuando tenemos 10 años comenzamos a explorar, vamos al
planetario, jugamos a los laboratorios. Pero eso va desapareciendo según
entramos en la adolescencia. El presidente Barack Obama habló del «momento
Sputnik», un instante en la Historia en el que el interés de la gente joven por
la ciencia coge fuerzas. Yo tuve un «momento Sputnik» con el Sputnik. Entonces
la gente me decía que mi deber era convertirte en un hombre de ciencia. Pero
eso ya no existe. Hoy los mejores científicos proceden de China e India,
mientras los americanos malgastan su tiempo en YouTube, bailando y pasándoselo
bien.
- Si en el futuro todo el conocimiento que necesitamos
estará a un clic de distancia o podrá ser insertado en nuestros cerebros, al
estilo «Mátrix», ¿para qué habrá que ir a la Universidad?
- Pronto con pestañear tendremos acceso a toda la
información sobre lo que estamos viendo gracias a nuestras lentillas. Pero cómo
pensar, cómo crear estrategias y nuevas metas, eso seguirá requiriendo las
habilidades que solo un tutor, un ser humano podrá transmitir. Y para eso habrá
que seguir yendo a la universidad. La gente seguirá pagando por la interacción
con los expertos que nos podrán enseñar a utilizar todas las herramientas a
nuestra disposición.